Siddharta y su visión de la verdad absoluta

Parte del diálogo que tuvo Siddharta con el viejo Govinda, un interlocutor ocasional en su camino:

No. Digo lo que he encontrado. El saber es comunicable, pero la sabiduría no. No se la puede hallar, pero se la puede vivir, nos sostiene, hace milagros: pero nunca se la puede explicar ni enseñar. Esto era lo que ya de joven pretendía, y lo que me apartó de los profesores.

He encontrado otra idea que tú, Govinda, seguramente tomarás por broma o chifladura, pero, en realidad, se trata de mi mejor pensamiento. Es éste: ¡Lo contrario a cada verdad es igual de auténtico! O sea: una verdad sólo se puede pronunciar y expresar con palabras si es unilateral. Y unilateral es todo lo que se puede expresar con pensamientos y declarar con palabras; todo lo unilateral, todo lo mediocre, todo lo que carece de integridad, de redondez, de unidad.

Cuando el venerable Gotama enseñaba el mundo por medio de palabras, lo tenía que dividir en sansara y nirvana; en ilusión y verdad, en sufrimiento y redención. No es posible otra forma para el que desea enseñar. No obstante, el mundo mismo, lo que existe a nuestro alrededor y en nuestro propio interior, nunca es unilateral. Jamás un hombre o un hecho es del todo sansara o del todo nirvana; nunca un ser es completamente santo o pecador. Nos parece que es así porque nos hacemos la ilusión de que el tiempo es algo real. Y el tiempo no es real, Govinda, lo he experimentado muchísimas veces. Y si el tiempo no es real, también el lapso que parece existir entre el mundo y la eternidad, entre el sufrimiento y la bienaventuranza, entre lo malo y lo bueno, es una ilusión.

Del libro Siddharta de Herman Hesse

El sabio que identificó esta época como preocupante «modernidad líquida».

Zygmunt Bauman, el sociólogo y filósofo que identificó el drama de la sociedad actual bajo el nombre de «modernidad líquida», ha muerto. Tenía 91 años y toda una vida dedicada a desentrañar el tejido de la sociedad emergida en los siglos XX y XXI. La de una humanidad modelada tras la caída de la burguesía entre los siglos XIX y XX, del nacimiento del comunismo, del socialismo, del capitalismo y demás ismosamparados bajo un paraguas llamado modernidad, globalización y ciberespacio. Desenmascaró a un ser humano que corre tras el espejismo de unos ideales contaminados por su propia individualidad, alentados por el sistema político-económico.

Bauman, polaco de origen judío, nació en Poznan el 19 de noviembre de 1925 y murió este 9 de enero de 2017 en Leeds, Inglaterra, su última estación de errancia. Fue víctima de la persecución del nazismo, de las purgas del comunismo en su país y del exilio.

Desde finales de los años 40 se dedicó a descifrar el nuevo mundo desde su propio núcleo: el ser humano, la sociedad y cómo se van haciendo mutuamente. La manera en que todo lo considerado estable y sólido se resquebrajó, se licuó y dejó a la humanidad en una especie de naufragio e incertidumbre.

Bauman se convirtió en uno de los intelectuales más relevantes y críticos con la sociedad y el sistema político y económico. Fue un sociólogo y pensador siempre atento al presente, al ritmo de cada día, tratando de otear los efectos de ese presente. Eso lo llevó a diseccionar y retratar temas que iban desde el obrero y la clase obrera hasta el internauta y todos los anillos de circunstancias que los rodeaban, pasando por los efectos del consumismo y la globalización.

Recordó lo básico de nuestros anhelos, que la misma modernidad ha querido maquillar: todo lo que hacemos no tiene otro fin más que la búsqueda de la felicidad, un deseo contaminado por el propio sistema, por la ilusión, por la felicidad prefabricada y en serie que ofrece esta nueva era.

Una clave del futuro, afirmó Bauman, está en la resolución y administración del duelo eterno entre Libertad y Seguridad. Condenados a lo irresoluble, al desequilibrio, nos recordó que son tres las causas que el ser humano combate para eliminar el sufrimiento, es decir, los obstáculos generales a la felicidad: «la supremacía de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo y la insuficiencia de las normas que regulan los vínculos recíprocos entre las personas en la familia, el Estado y la sociedad».

El capitalismo ha triunfado, según Bauman, porque ha encontrado un punto sensible y clave en las personas, ha sabido explotar el fetichismo de la mercancía.

Mientras en los dos primeros se han logrado «numerosas victorias» y no hay grandes conflictos, sobre la tercera causa señaló que, aunque la sociedad «debe imponer restricciones a sus miembros, los hombres y mujeres necesitan rebelarse contra esas restricciones para seguir avanzando en pos de la felicidad». Exhortaba al equilibrio, porque si «hace cien años, la historia humana solía representarse como un relato sobre el progreso de la libertad», y ese déficit «era la cuita más común», y la gente estaba dispuesta a ceder porciones de seguridad a favor de ella; hoy parece todo lo contrario.

Para este pensador, el tiempo futuro es «puntillista»,como esos cuadros de SeuratSisley donde cada punto reclama su atención porque es un mundo, pero a la vez está rodeado de otros que piden lo mismo hasta formar el cuadro completo, donde todos se saben indispensables para ofrecer la imagen correcta. «Pero cualquiera de ellos», advirtió Bauman, «puede convertirse de un momento a otro en un Big Bang. No obstante, a diferencia de las obras legadas por los maestros pretéritos de la escuela puntillista, resulta absolutamente imposible predecir qué momento experimentará tal transformación…». Se avecinan varias: ¿una de ellas podría ser el retorno del péndulo? ¿De la solidificación a la fuerza de lo que el sociólogo polaco llama mundo líquido debido al duelo irresoluble entre libertad y seguridad?

En sus último años, Bauman alertó sobre algo preocupante: todo aquello que identificó como «líquido» parecía estar volviendo a su estado anterior de solidificación, pero a la fuerza. Porque esa fragilidad del ser humano inoculada de incertidumbres no empieza a mejorar por sí misma, sino a través de restricciones y del aumento de espejismos facilitados por el mundo digital. Detectó cómo la humanidad experimenta una vuelta a valores menos maleables, mientras se espolean viejos fantasmas con la promesa de un mundo más estable en detrimento de, por ejemplo, libertades individuales y colectivas.

El sociólogo veía un escenario condenado al desencuentro y al conflicto. Por eso, la presencia de Sigmund Freud era clara en sus análisis, al asegurar, por ejemplo, que «la civilización es una transacción». Consciente de complacer las necesidades humanas de la libertad y la seguridad, Bauman afirmó que «una seguridad sin libertad equivaldría a esclavitud, mientras que una libertad sin seguridad desataría el caos».

El capitalismo ha triunfado, según Bauman, porque ha encontrado un punto sensible y clave en las personas, ha sabido explotar el fetichismo de la mercancía. Una estrategia que ahora Internet aumenta a la enésima potencia al ver que todo está al alcance, pero sembrando al mismo tiempo la duda de que siempre hay algo mejor a lo elegido y, por ende, expande la sombra del error, de una decisión equivocada ante la sobreoferta. Espolea esa búsqueda de satisfacción que nunca será colmada definitivamente.

La alianza deseo-capitalismo-internet parece no tener fin… El individualismo y el yoísmo amplían su reino…

VIDEO entrevista

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Zygmunt Bauman es autor de más de 50 libros y un centenar de ensayos. Entre sus obras figuran: La cultura como praxis, Vigilancia líquida, Vida líquida, Miedo líquido, Esto no es un diario, Sobre la educación de un mundo líquido, Estado de crisis, Extraños llamando a la puerta (todos en Ediciones Paidós) y Tiempos líquidos.