La cuestión educativa

Probablemente no descubrimos nada si decimos que hay determinadas problemáticas sociales que son definitivamente complejas, como por caso, la cuestión educativa. Entiendo que no estamos frente a un problema exclusivo de la Argentina, algo que no se encuentre en otros países del mundo, mas bien creo que efectivamente no es una cuestión estrictamente argentina, y que existe en muchos países del mundo, incluso en los mas encumbrados.

Pero no resulta satisfactorio y propositivo pensarlo así, y no está mal el ejercicio de solución de la cuestión local. Por que en definitiva, en primera instancia nos debe ocupar nuestra sociedad, nuestro entorno inmediato, nuestros niños.

Como en muchas de éstas cuestiones complejas, suele encontrarse partes enfrentadas (visiones diferentes) y no es difícil encontrar razones de valor en ambas partes, pero cuando la cosa se pone trabada, hay que modificar de inmediato el objeto de observación y el orden de prioridades. En el caso de nuestros niños, y no todos nuestros niños, sino los que están siendo contenidos por la educación pública y gratuita, «es de suponer» los más carenciados o los que requieren mayor respaldo por aquello de «igualdad de oportunidades para todos», son los que están siendo impactados en sus derechos esenciales a la educación.

Los niños de la educación pública, que no es la educación pública que conocimos los cuarentones de hoy, es ésta educación pública la de los tiempos presentes; viene perdiendo solidez en la calidad y hasta el valor de la diversidad. Aún así, sigue siendo un ámbito de contención.

Los trabajadores docentes, enarbolan una lucha basada en derechos y razones válidas para emprender decididamente un reclamo largamente esquivado por el Estado, donde los gestores de turno del poder político del Estado, no encuentran espacios de decisión para dirimir justicia por que en detrimento del status que dicen representar, en lo concreto ya no cuentan con el poder real ni las convicciones para pretender ejercerlo en nombre del pueblo. Estos gestores de privilegio, los políticos,  miran la cosa desde el pedestal de la burguesía que está a mitad de camino entre el ser y el no ser, pero mientras tanto hacen de cuenta que son los «dueños del momento». Estos hombres y mujeres difícilmente envíen a sus hijos a una escuela pública, por que tienen el «ejercicio de conciencia trabajado», y confían, mas allá del discurso políticamente correcto, que la educación pública va camino a su degradación insalvable.

Mientras tanto, siguen faltando líneas editoriales, que describan el impacto efectivo y potencial que implica para un pueblo o una nación, la degradación del sistema formativo de nuestros niños.-